Carla Guelfenbein:

“La sociedad chilena evita y relega a las personas que se han quedado en el camino”

“Padezco de una enfermedad mental” tituló en su columna en Revista Paula, hace poco más de un mes, Carla Guelfenbein, una de las escritoras más leídas en Chile y con una creciente popularidad entre los lectores en el extranjero. Por cierto, la autora no sufre un problema psiquiátrico, sino que decidió usar ese recurso para golpear a los lectores y llamar fuertemente su atención sobre un tema que le preocupa y se hace presente en forma constante en su creación literaria. Y su estrategia tuvo éxito: su columna se convirtió en una de las más leídas.

“La enfermedad mental, dentro de las que incluyo las adicciones ¡es tan tabú! Esta sociedad chilena evita y relega a las personas que se han quedado en el camino por algún tipo de problema que no es físico, sino que tiene que ver con su psicología, con su ser más profundo” precisa Carla.

La gente piensa que es vergonzoso, pues se cree que es sinónimo de debilidad, de fracaso, y que, si quien la padece fuera más fuerte, más capaz, no la padecería. Si son nuestros hijos quienes la padecen, entonces somos un fracaso como padres. Tanto es así que hoy en Chile si llegas a un consultorio con un esguince la Isapre cubre desde un 60 a un 70%, pero si vas por una depresión solo te va a cubrir un 18%.”, reflexiona en su columna.

“O sea, ya hay una estigmatización. En una depresión es tu responsabilidad salir de ella, no tiene el mismo estatus que una enfermedad física… Hay todo un lenguaje, además. Una cantidad de palabras que usamos desde muy niños: “estay loco”, “estay rayado” ... Eso tiene que ver con la estigmatización y la desvalorización de la diferencia. Es un tema que me preocupa muchísimo”, nos comenta.

Precisamente en su última novela “Llévame al cielo” (Nube de Tinta, 2018) aborda temas como la estigmatización, las adicciones, las enfermedades mentales y la integración. Esta novela crossover de la ganadora del premio Alfaguara 2015 nos seduce con una historia de amor y de superación personal. El relato transcurre en una clínica de rehabilitación para jóvenes con distintos trastornos sicológicos.

“Son cinco jóvenes que se encuentran en una clínica de rehabilitación y de chicos que tienen algún tipo de problema psicológico. De hecho, la protagonista ha tenido un intento de suicido y uno de los amigos es alcohólico y drogadicto, un chico joven gay; entonces, es un tema que puse en el tapete con esta novela porque me interesaba que se hablara de la inclusión, de la integración, de todos los prejuicios que existen”, comenta.

¿Cuál es el motor que te mueve a sumergirte en esta temática?

Lo encuentro absolutamente esencial, una sociedad ni siquiera podría llevar el nombre de sociedad si no acepta al otro, la otredad. Justo en este minuto estaba escribiendo un prólogo para otra fundación. Son cuentos de niños, todos tienen que ver con la integración del otro… por ejemplo la historia de un pececito huérfano que es adoptado por un pulpo. Otra historia de un zorzal que duerme la siesta sobre el hombro de un espantapájaros y con el susurro del zorzal el espantapájaros también se queda dormido.

Es siempre un otro que ayuda y en esta integración del otro todos ganan, todos crecen y la soledad se ahuyenta. Es bellísimo. Leyendo estos cuentos tengo mucha esperanza porque me doy cuenta de que los niños entienden mucho mejor que nosotros hacia donde tenemos que ir.

¿Qué piensas las experiencias que hacen organizaciones como Corporación Mañana de acompañar a personas que se han rehabilitado para su integración familiar, social y laboral? ¿Consideras relevante crear este camino intermedio?

Absolutamente. No me cabe ninguna duda de que es fundamental. Justamente creo que la etapa más difícil es la integración, volver a encontrarse en un lugar, en ese mundo que se cierra para ellos completamente. Muchas familias han reanudado su vida de otra forma, las mujeres han vuelto a emparejarse o abandonaron la pareja, los hijos han sido observadores de la peor parte de su ser y muchos de ellos los rechazan. Y la verdad es que después de la rehabilitación hay una alta probabilidad de que estas personas se encuentren absolutamente solas y huérfanas en el mundo y, por lo tanto, es clave crear un puente acompañado que puedan atravesar para retornar, de alguna forma, a ser parte de la sociedad.

¿Crees que a través de la literatura se puede encontrar una vía de sanación y equilibrio, como también con la música, la pintura...?

Cualquier forma de conexión interior no es un camino de sanación. Yo creo que los caminos de sanación, como ustedes mismos lo han experimentado -estoy segura- conlleva muchos aspectos, no se centra solo en una cosa. Pero, no me cabe duda que la conexión con el ser interior y darse cuenta de las posibilidades creativas es una manera de afirmar el yo y a sí mismo, darse un valor a sí mismo y también que los demás te den un valor.

Lo maravilloso de cualquier forma de creación es que al fin y al cabo es algo concreta que sale del interior del ser, se puede ver, tocar, leer y es una forma de salir de ese interior oscuro hacia la luz.

 

¿Qué prefieres como término: inclusión o integración?

La integración es más amplia. Tú puedes llegar y decirle a otro, ven y ponte al lado mío, la incluyes; pero, eso no quiere decir que esa persona, que ese que tú has invitado al lado tuyo pase a ser parte de la actividad, del proyecto, de lo que tú estás llevando a cabo. La integración va más allá, apunta a que la persona que entra en un nuevo círculo sea parte activa de ese círculo. La integración lleva en su significado un elemento activo que la inclusión no tiene.

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